100 KILÓMETROS SIN COMER, EL RETO TRAILWALKER – PARTE 1.

Una decisión razonablemente Papanatas.

Hola, soy Papanatas Bobus y hay algo que debes saber de mí para entender este Post. Se podría decir que, respecto a la alimentación y la actividad física no soy muy convencional. Siempre me he considerado una persona curiosa hacia mis límites, tanto mentales, como físicos. Por eso, hoy quiero contaros otra de mis aventuras que sin duda pone a prueba ambos límites y a la vez muestra mi actitud papanatas 100%. Todo se podría resumir en: “Este tío es tonto y lo bueno es que lo sabe.”

Todo empezó con una conversación intranscendente con unos amigos.

―Nos hemos apuntado a una carrera de 100 kilómetros. ―Me dijo mi amigo.
―100 kilómetros… pues ya son kilómetros para hacerlos corriendo ―le contesté claramente interesado.
El olor papanatas surgía de aquella idea como fragancia conocida.
―¿Quieres apuntarte con nosotros?

Estaba claro, sabían que mordería el anzuelo. Yo había realizado una maratón anteriormente y fue durísima ya que fui sin apenas dormir. Seguramente es por eso que me entusiasmaba tanto la idea de volver a sufrir de esa manera. Tras poner en común nuestros puntos de vista, acepté como buen Papanatas.

descargaNos habíamos apuntado a la TrailWalker, una carrera benéfica organizada por Intermón oxfam que, a lo largo de sus 100 kilometros, discurria desde Olot hasta Sant Feliu de Guixols. Pasaron 2 meses y la recaudación iba viento en popa. El equipo estaba consiguiendo sponsors y dinero. Estábamos divididos en dos equipos. El equipo “Senior” vivía entrenando. Estaban como toros e iban a volar hacia la meta. Nosotros… los “Junior”…¿tocábamos el tambor? Como mínimo íbamos caminando a comprar el pan. Una parte de mi sabía que estaba claro que con eso no era suficiente. Pero mi intelecto “papanatoide” no iba a dejar que me auto saboteara ni aguara la fiesta con pensamientos demasiado lógicos.

No estábamos preparados para lo que íbamos a hacer y sí, soy bastante papanatas, pero no estúpido del todo. Así que entre todos llegamos a la conclusión de que sería mejor plantearse la carrera de una forma más relajada y decidimos caminar en vez de correr. Había un límite de 36 horas, pero era viable. Como ya he dicho, soy un papanatas, así que además de disponerme a hacer una caminata de 100 kilómetros sin preparación, decidí hacerla sin comer.

Muchos os preguntareis ¿Porque sin comer? Como ya he dicho soy una persona curiosa. Mis libros me decían que el dolor y el sufrimiento en la maratón eran merecidos. El cuerpo humano ha evolucionado para andar y no parar correr. Todas mis hipótesis apuntaban a que podría andar mucho gastando muy pocas calorías. Me sentí inspirado por el conejo de Duracel y la bombilla de bajo consumo y, convencido de que podría superar a ambos, me dispuse a hacer todo el camino con la única ayuda de agua mineral y agua de mar. Si, agua de mar. Os hablare de sus beneficios en algún otro post.

Además, iba a utilizar calzado minimalista, lo cual era lo más parecido a ir descalzo. Habiendo tomado estas decisiones, ya pude dormir tranquilo. Había echo de esa carrera un auténtico reto papanatas.

Si quieres saber cómo nos fue durante la TrailWalker sigue en 100 kilómetros sin comer, el reto TrailWalker – Parte 2.

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