Asuntos burocráticos

Nos despertamos bastante castigados, ya que la noche anterior nos desvelamos repetidas veces. Aun así estábamos ilusionados ya que la mañana nos regaló unas fantásticas vistas al monte Ararat.
Cargamos la moto y salimos del berenjenal donde nos metimos la noche anterior.
A las 11 ya estábamos cruzando la frontera de Turquía para entrar dentro de Irán.
En la salida de Turquía ya empezaron las historias raras par cambiar la divisa turca a iraní. Cambios a la baja y cantidades mínimas de dinero para entrar en Irán.
Obviamente tienes que hacerte el tonto todo lo que puedas, en nuestro caso íbamos con una moto pequeña y con todo el material reciclado, básicamente dábamos un poco de pena.
Al final entramos con 140€ en moneda iraní con el cambio perdimos cerca de 10€ el problema es que era un mismo policía de la frontera el que hacia esta misma transacción fraudulenta. Después de este pequeño embrollo entramos en Irán.
Dos puertas correderas una frente la otra separan estos 2 países.
Entras dentro y todos los tramites suceden muy rápido y sin complicaciones hasta que te piden el carnet du passage si lo llevas en 5 – 10 minutos estas dentro de Irán sin mas complicación, pero si no llevas pues te pasa lo que nosotros. Parados en la frontera esperando a negociar un seguro para poder entrar tu vehículo sin que lo vendas.
Empieza nuestro aventura en Irán, un fantástico día soleado concretamente un viernes. El día es relevante porque allí es fiesta y las compañías que pueden extender el seguro no trabajan, los mismos policías y militares de la frontera ya nos advierten de que vamos a tener que pasar la noche allí sin poder mover la moto.
Mientras nos hacemos a la idea del contratiempo aparece un hombre con un bandeja de arroz con pollo 2 refrescos y una torta de trigo para que podamos comer algo!

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Foto comida frontera

A lo largo de la tarde nos enteramos que había un coche con 4 participantes del Mongol Rally de origen australiano que tenían el mismo problema ya que les pedían 400€ para entrar el coche en Iran.
Los policías de la frontera empezaron a mirar la moto y a subirse en ella, les hizo mucha gracia las maletas recicladas de bidones de plástico. Y algunos tenían poca fe con que hubiéramos llegado 2 personas en una 125cc cargada desde España, empezaron a jugar con la rueda de delante mirando si contaba los kilómetros al girar.

Pero el primer shock para ellos fue cuando nos dijeron que podíamos ir a un hotel a la ciudad que solo valía 7€ por persona y nuestra respuesta fue que era muy caro que con eso llenábamos 1 deposito de la moto que si podíamos dormir en la frontera lo preferíamos para ahorrar dinero.
Su respuesta fue que si,con cara de sorprendido nos dijo que no había problema que podíamos montar la tienda en el campo de césped del lado.
Conforme iva pasando la tarde Lena empezó a incomodarse al ver que eramos los únicos extranjeros que ivamos a dormir alli y que aquello no era normal.
Decidió que por su tranquilidad mental y lo que pudiera pasar por la noche preferia ir a dormir en el hotel de 7€ que seguro que no pasaría nada. A mi me pareció seguro, sentía que no había problema en hacer noche allí. De echo mi opinión es que era más seguro ya que allí coincidían 3 cuerpos de seguridad, ejercito, policía aduanera y policía.
Empezamos a bajar andando antes del atardecer aprovechando la luz del dia, aquella ciudad viva de la frontera y su movimiento. No tardaron en aparacer personas que nos ofrecían canviar la moneda por la misma calle regateando el cambio. Todo aquello sin nuestra moto era bastante raro ya que no podíamos alejarnos dando un poco de gas.
Empezamos a preguntar por el hotel usando un trozo de papelito donde nos habían apuntado el nombre. La gente se sorprendía a la vez que te ayudaba al ver 2 extranjeros claramente europeos preguntando por el hotel.
Al fin después de caminar unos 20 minutos y de que un policía de la aduana nos recogiera con su propio coche y nos llevara al hotel, el ultimo trozo, llegamos.
Un edificio sencillo con todo el suelo lleno de alfombras con un chico joven y su sonrisa detrás del mostrador nos atendió todo lo bien que pudo.
Nos enseño la habitación, cuatro paredes y una bombilla colgando del techo con 2 camas de hierro super viejas y un cuarto de baño para poder solucionar los problemas de higiene.
Aquello te hace entender la diferencia entre lo que necesitas y lo que creemos que necesitamos.

Tocamos la puerta de los Australianos y salen 4 chicos fornidos de 20 y tantos año que confirman lo que oímos en la frontera.
Volvemos a la habitación descubriendo que hay wifi y agua caliente en la ducha, 2 cosas que convierte esta noche, a lujosa, para nosotros.

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