De gasolinera a gasolinera y tiro porque me toca

La hora de acostarnos del día anterior se había cobrado su precio, nos pesaban los párpados y lo único que teníamos ganas de hacer era permanecer dentro del saco de dormir.

No era un día para excusas debíamos entrar en Rusia ya que era nuestro ultimo día de visa en Kazakstan.

Despertar acampada

Sabíamos que el viento no iba a estar de nuestra parte aun que a los pocos kilómetros nos percatamos hasta que punto.
La moto no podía pasar de los 60 km/h y circulábamos con la 3era marcha, la Frankenstein no tenia suficiente par motor para contrarrestar la fuerza del viento.

 

 

Pasamos toda la mañana conduciendo, solo paramos una vez para llenar el deposito de la moto con nuestros jerrycanes ya que la gasolinera donde paramos estaba abandonada.

Gasolinera abandonada

Dejamos atrás la desolada estación para seguir adelante hasta la ciudad de Semey. Allí llenaríamos a tope los tanques de combustible y nuestras barrigas antes de hacer los últimos centenares de kilómetros hasta la frontera con Russia.

Por la tarde con todas la reservas a tope salimos de la ciudad por una carretera sencilla pero asfaltada, solo era cuestión de llegar a la frontera.
Descanso Papanatas
Esta vez nuestra parada de descanso fue en medio de la nada, sol, viento, estepa infinita y un tonto en medio de la carretera.

El paisaje empezó a cambiar gradualmente fuero apareciendo bosques y algún que otro vehículo, señal inequívoca que la frontera estaba cerca.

Frontera Semey
Pasamos más de 4 horas para conseguir entrar a Rusia. Los camioneros nos tenían especial aprecio por viajar con nuestro pequeño vehículo, nos regalaron comida y nos hicieron compañía.

Las sombras empezaron a estirarse a nuestro alrededor, avisándonos de que necesitábamos un sitio donde dormir.
Circulamos todo el atardecer buscando un buen sitio para acampar, saliendo de la ciudad de Rubtsovsk la suerte nos sonrío.
Una fantástica gasolinera abandonada nos dio cobijo del viento que aun seguía insistiendo.
Cocinamos con nuestro hornillo de gasolina un sencillo pero reconfortante arroz.

El ralentí de la Frankenstein nos recordaba que ella nos daba todo lo necesario para continuar, incluso la luz para poder ver.

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