Explorando el vacío

Nos despertamos con frío en el cuerpo, aun que el sol estaba iluminando el toldo de la tienda. Almorzamos contemplando el paisaje yermo y hostil que nos rodeaba, aun así nos sentíamos cómodos al disponer de un vehículo que nos ayudaba a desplazarnos.Tienda kazakstan
El motor arrancado, viento en cola y apretándonos hacia nuestro destino.

Aprovechado el golpe de suerte rodábamos a 90 km/h continuos a través de la estepa con nuestra Frankenstein y el viento incansable. Pasamos 4 horas encima de la moto, solo haciendo pequeñas paradas, llegamos al medio día notablemente cansados, aun que con un buen puñado de kilómetros al bolsillo.
Comimos un poco de pan seco con embutido que nos regalaron, el cielo despejado dejaba que el sol nos calentara la cara mientras estirábamos la espalda.

Tumbado en la estepaEstábamos preparados para el segundo asalto, mañana era el ultimo día para salir de Kazakstan y aquella tarde íbamos a superar la ciudad de Pavlodar.
Tensamos las nalgas y nos volvimos a subir a la moto.

Llegamos a la ciudad a media tarde, nuestro objetivo era cargarnos de provisiones por si la parte Rusa también estaba despoblada.

 

 

Pavlodar city

Conseguimos salir de la ciudad antes de la caída del sol, aun que la carretera tenia otros planes para nosotros. El estado del asfalto era tan malo que estaban reformando por completo la calzada.
La única manera de avanzar era por las pistas que se habían formado en los campos de alrededor.
Los cirrus en el cielo marcaban los movimientos del aire en altura, posiblemente se repitieran los mismos vientos que nos habían acompañado hasta allí. Algo no muy favorable sabiendo que nuestra dirección iba a cambiar al desviarnos hacia la frontera de Semey.
Rider KazakastanLa carretera volvió a estar asfaltada, nuestras viseras de policarbonato nos dejaron disfrutar de los magníficos cambios de luz, haciendo que el frio de aquella puesta de sol fuera lo menos relevante.

Aun que es verdad que al desaparecer el sol nos obligo a ponernos absolutamente todas las piezas de ropa de las que disponíamos y aun así no llegar a la zona de confort.

 

 

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La noche negra dibujo un entorno creado con grises, una atmósfera espacial, una carretera infinita sin luces ni lineas pintas en el asfalto rodea de terreno yermo e infinito. Nuestro pequeño vehículo seguía avanzando detrás de la burbuja de luz que creaba el foco, sentíamos que éramos astronautas explorando el vacío. El viento estaba en clama nuestros cascos ya no silbaban el sonido continuo del motor redundaba con los 70k/h del odómetro.

Seguimos circulando hasta las 3 de la mañana sabiendo que la mañana siguiente el viento no estaría de nuestra parte.

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