La sencillez del campo, en la gran ciudad

Las nubes cubrían el cielo gris, un suave viento hacia vibrar el toldo de la tienda. Almorzamos con celeridad sabiendo que teníamos Astana a menos de 300 kilómetros. Necesitábamos llegar pronto para tener tiempo para hacernos con unos guantes ya que estos últimos días el frío en las manos había sido constante.
Recogimos todo el material y saltando por encima de los márgenes volvimos a la larga carretera principal conforme íbamos avanzando, las zonas rurales iban transformándose junto con sus buenas carreteras que permitían mayor comunicación con la ciudad.carrertera-a-astana
Incluso empezamos a encontrar paneles indicativos de forma regular en las intersecciones y cruces de la carretera.
Al cabo de unas horas llegamos a la bulliciosa periferia, una mezcla de coche antiguos y nuevos junto con un gran numero de edificios en construcción ponía de manifiesto el crecimiento que se estaba experimentando.
Seguimos hacia el centro en busca de ayuda en el consulado Español. Ellos podrían resolver una duda que teníamos respecto a los días de visa que nos quedaban y donde encontrar algunos guantes.

Llegamos antes del mediodía al pequeño edificio del Cónsul escondido dentro de un patio interior. Durante media hora no izo falta mímica, ingles improvisado ni imaginar el significado de las respuestas.
Aclaramos rápidamente nuestras dudas de visados y fechas aun que intentamos saber el estado de las próximas carreteras y fronteras aquella información fue demasiado ambiciosa. Aun que preguntaron a trabajadores locales del cónsul y hicieron algunas llamadas para intentar conseguir la información no fue posible. Nos recomendaron otra frontera a la que teníamos planeado entrar a Rusia. Aun que con esta ruta teníamos 2 días más de rodeo dada su dirección norte.
Improvisaríamos la ruta según las carreteras y el tiempo que tuviéramos.
Salimos del edificio acompañado por uno de los funcionarios que amablemente nos indico una de las calles de la ciudad donde era probable encontrar unos guantes para el frío.
Pasamos el resto se la tarde recorriendo calles y tiendas preguntando por los guantes.

 

Monument AstanaFue complicado, y solo encontramos estas simpáticas esculturas en medio de la calle, en cuanto a los guantes no había termino medio, o eran prendas muy caras y elaboradas o era algo súper sencillo y rudimentario.
Antes de que el sol se fuera entramos en una cadena de tiendas de chaquetas rusas.

Allí 3 mujeres llevaban la tienda entera, les comentamos nuestro problema utilizando el Google traductor de sus móviles. Mientras alguna de ellas atendía los clientes las otras 2 se esforzaban en buscar una solución, llamadas, mensajes, búsquedas en webs ilegibles para nosotros. Aquellas mujeres nos brindaron una ayuda como si de sus hijos se trataran. Al final mientras esperaban respuestas de sus amigos y conocidos para apuntarnos las direcciones, empezamos a conocernos.
Podría describir las sensación de acogida y la afección que nos hicieron sentir, en especial a Señorita Papanatas por estar haciendo una viaje de esta magnitud con 21 años con un material y moto tan precarios, aun que la foto deja bastante claro que en aquel momento el echo de que aquello fuera una tienda era algo secundario.

 

tienda de jaquetas rusasAun que aquella tienda era más cara que un Zara o un Maximo Duty en España, y sus trabajadores debían tener un buen sueldo dado sus smartphones Samsung de ultima generación, había florecido tal situación dado el poco protocolo social al que sentíamos que estaba sometido aquella cultura.
Aquellas mujeres cerraron la tienda y nos acompañaron hasta la moto para despedirse y desearnos un buen viaje debajo una discreta lluvia, iluminada por las farolas de la ciudad.

Decidimos hacer noche en un motel de la ciudad, des de Rusia que no habíamos dormido en cama ni lavado la ropa con agua caliente. Por la mañana buscaríamos los guantes, para poder seguir dirección la frontera de Semey.

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