Aventura en el asfalto

Un energético sol nos despierta, mientras recogemos las tiendas aparece un pastor Kazaco que nos acompaña en el almuerzo, con pocas palabras pero con un gran recuerdo de su compañía nos despedimos con una energética sonrisa y movimiento de mano. Buscamos el camino más fácil para volver al asfalto y continuar por aquella emocionante carretera.

La mañana empezó muy animada ya que los agujeros y los bultos eran continuos hasta tal punto que los carriles para circular eran totalmente irrelevantes. Aquella conducción era divertida a la vez que emocionante, nos demandaba toda la atendió para no meter la moto en los grandes agujeros del asfalto.IMG_3385
Circulamos por aquella carretera más de 200 kilometros, aunque después de los 50 primeros kilometros dejo de ser divertido, ya que nos costo toda la mañana y parte de la tarde dejar atrás aquella zona.
Antes de cambiar de dirección y tomar la carretera que subía hacia el norte encontramos una curiosa zona de pozos de petróleo.
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Fuimos siguiendo la carretera dirección norte, gozando del asfalto nuevo que había, hasta llegar a una pequeña ciudad donde necesitamos parar para repostar nuestros tanques de gasolina.
Por fortuna un hombre Kazaco se ofreció a cambiar nuestros dinero ruso para que pudiéramos comprar algo de comida ya que en las gasolineras solo nos dejaron pagar con la tarjeta el combustible de la moto.
Con la moto cargada de gasolina y nuestras mochilas llenas de porquerías de la gasolinera volvimos a encarar un tramo de 20 kilometros con el asfalto echo trizas. Allí en medio encontramos esta familia de camellos que no pudimos resistirnos a parar y hacerles unas fotos ya que para una grupo de papanatas como nosotros aquello era un animal realmente exótico.
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Con el sol cayendo encima nuestro, nos apresuramos a buscar un buen sito para acampar, ya que el frío de la noche estaba levantando un viento tonto y no era buena idea montar las tiendas en medio de la estepa sin nada que nos protegiese.

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