AVENTURA EN EL BOSQUE – CONVERTIRSE EN UNA PAPANATAS.

Soy Señorita Papanatas y este es mi primer Post, en él quiero contaros mi primera experiencia Papanatas. Sé que quizás no es la mejor forma de empezar una historia, pero hay que decir que, a mis 20 años pensaba que ya había perdido la virginidad. No os alarméis, me refiero en sentido metafórico. Hay cosas en la vida que te hacen ver la cruda realidad. Sígueme por estas líneas y te contaré como fue mi primera aventura, como me estrené en esto de ser una Papanatas con todas las de la ley y como comprendí el poder de la actitud.

Un día, dos expertos Papanatas me plantearon la idea de ir a hacer una “excursión” por la montaña. Tenían que averiguar si hacer 30km en un día era una locura absoluta o por lo contrario demasiado fácil. Eso les ayudaría a realizar cálculos de distancias y tiempo para valorar si su futura aventura cruzando los Pirineos era viable. Ellos pensaban que lo podrían hacer de sobras y se lo tomaban como un simple ensayo. Ingenua de mí, y sin saber su nivel de papanatismo, me los creí y decidí apuntarme a esta “caminata” por la montaña.

Cuando, en los días previos, ves a dos personas comprando machetes de 50cm por internet y utilizando una máquina de coser industrial para modificar la mochilas, empiezas a preguntarte si estas en un berenjenal, si eso de apuntarme ha sido realmente una buena idea o, por lo contrario, están más locos incluso de lo que creen. Ninguna respuesta me convencía, pero ya no había marcha atrás, me había decidido a seguirlos. Tenéis que entender, que no se trataba de una excursión convencional. Las mayores diferencias residían en los puntos siguientes:


ruta_locuraLa ruta era una locura.

Se trataba de conectar dos pueblos separados por montañas con una línea recta imaginaria. Es decir, no podríamos tomar casi ningún camino.

 Tendríamos que arreglárnoslas para abrir nuevas vías siguiendo nuestra línea recta.


 no_gpsNada de GPS.

Para situarnos solo utilizaríamos la brújula, los mapas y un altímetro. Les gusta ponerse las cosas difíciles. ¿Verdad?

Es lo que tiene ser un Papanatas.


 Comeríamos lo que la naturaleza nos ofreciera.

Bueno, es sencillo de entender. Llevaríamos comida por si las moscas, pero la idea era comer lo que nos encontráramos por el camino.

Los tres éramos conscientes de que íbamos a pasar hambre.


IMG_2314Para colmo, la noche previa no dormí las 8 horas reglamentarias y necesarias para que un humano sea una persona útil. Con un despertar zombi nos encaminamos hacia el principio de nuestra excursión.

Íbamos bastante ligeros. Llevábamos solo una pequeña mochila con lo necesario. Agua, alguna barrita y algo de abrigo. Al principio íbamos avanzando a un paso ligerito y el camino no se nos complicaba mucho. Casi no había desnivel y había caminitos para situarlos en el mapa y orientar-se. Tuvimos que tirar de machete, ya que el bosque de las Gavarres es un bosque denso. Pero los expertos Papanatas estaban contentos, decían que si este bosque no se les resistía ¿Cuál lo haría?

Fuimos siguiendo la ruta, solo con el mapa y la brújula. Desde el primer momento me mostré más que realista. Decía que no llegaríamos, que pararíamos porque no podríamos más o que se nos haría de noche antes de llegar. Para apoyar mi teoría, a un tercio del camino encontramos un cazador de la zona, al cual le comentamos nuestra ruta y respondió textualmente: ¡Os lo desaconsejo totalmente! En ese momento, de nuevo mostrando mi ingenuidad, pensé: “vale se van a dar cuenta que es una locura e iremos por caminos a partir de aquí”. Por lo contrario su respuesta fue: “¡¡Perfecto, esto es una prueba inequívoca de que vamos bien!!” Y siguieron haciendo broma y quitándole importancia al comentario del cazador.

😳😨

Recuerdo que grite por dentro… “¡¿Pero qué mierda de respuesta es esta?!

Allí empezó realmente mi aventura… Sin haber hecho nunca una caminata fuerte ni nada por el estilo, allí estaba yo, con dos expertos Papanatas que no dejaban de poner la situación más fácil en cada momento. ¿Hay que cruzar por el río? ¡Claro que sí, Los ríos se cruzan! ¿Tenemos que seguir recto pero hay un zarzal más alto que nosotros? ¡Ningún problema, Se abre camino a machetazos! ¿Que encontramos un camino? ¡Tranquilos, en 300 metros gira y tenemos que volver a entrar al bosque, e ir por donde la puñetera línea recta!

IMG_2325¿Os vais imaginando mi cara al ir sucediendo todo eso verdad? Era un auténtico mapa, estaba harta de las hierbas, del campo a través, del hambre y de ¡la madre que parió al asqueroso y denso bosque de las Gavarras!

Al final yo y el Hacedor Papanatas después de 6 horas no pudimos más y caímos en el pecado. ¡¡Nos comimos una barrita de frutas!! No podéis imaginar lo que eso representó en ese momento. Me dio más energía y ganas de seguir de lo que hubiese esperado nunca. Es increíble lo que llega a hacer nuestro cerebro. Hace con nosotros lo que quiere… y resulta tremendamente difícil de engañar.

Aquello empezó a ser una lucha mental. Empezaba a estar muerta y deseaba que la situación mejorara próximamente. Pero la montaña tenía otros planes para nosotros, las nubes empezaban a cerrarse y se estaba formando niebla. Aquello molestaba a los expertos papanatas, decían que preferían que lloviera. Ignoraba el motivo de la preocupación, pero pronto descubrí el porqué.

Sabíamos más o menos done estábamos pero no exactamente. Caminamos más de una hora haciendo conjeturas y aproximaciones de nuestra posición. Empezaron a no saber qué rumbo exacto poner en la brújula y el mal tiempo dejó fuera de juego al altímetro.

“Vale, nos hemos perdido…”

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Empezábamos a debatir si abrir el GPS o llamar para que nos viniera a buscar algún amigo. Para ellos las dos cosas significaban un fracaso. Decidimos entre los tres seguir caminando para buscar alguna referencia para orientarnos.

Encontramos un montículo elevado, que estaba en dirección contraria a la nuestra y, a regañadientes, decidimos subirlo a ver si detrás de él había algún tipo de información. Pero solo encontramos niebla, mucha niebla. Uno de los Papanatas empezó a dar vueltas mirando el suelo.

―Mirad, hay un circulo de hormigón en el suelo entre las plantas ― dijo uno de los expertos papanatas.
― ¿Y qué? ¿Pretendes subirte en él, decirle “arre”, y que te lleve cabalgando a casa? ―le pregunté con una clara connotación irónica.
―No, pero si le preguntamos amablemente, quizás nos diga qué dirección tomar. Es un antiguo depósito de agua de los bomberos.

Al principio no entendí muy bien la ventaja que nos estaba proporcionando ese hecho, pero Papanatas Bobus es piloto de helicóptero y había trabajado con los bomberos. Encontramos rápidamente el depósito en el mapa y la dirección que debíamos tomar.

IMG_2345Yo nunca había caminado tanto sin casi descanso y con solo una o dos barritas de frutas y cereales en mi estómago, no sabía de donde sacar las ganas de seguir. Pero no podía hacer nada, o llegaba a casa o me quedaba a dormir en medio del bosque… y empezaba a hacer un frío considerable. Lo peor eran los pies, iba con unas botas seminuevas del ejército que me los estaban destrozando. ¡Qué dolor en el talón por dios! Sin pensarlo mucho, seguí andando. Un pie… un paso… otro pie… otro paso… Mi mente se quedó casi en blanco hipnotizada por mis propios pies. Y digo casi, porque había algo que no me podía quitar de la cabeza. Estaba frustrada, y no era solo porque todo el rato iba por detrás de los dos papanatas expertos, sino también porque ellos parecían frescos como guisantes congelados. Iban casi dando saltitos, bromeando, como si aquello no fuese más que un paseo. Pensé en achacarlo a sus botas, las cuales estaban más adaptadas a sus pies a causa del uso, pero ahora sé, que había algo más.

Recuerdo una de las últimas subidas como si fuese ahora. Ellos empezaron a subir y yo los seguía desde lejos intentando sacar fuerzas de donde fuese. No sé exactamente como paso, pero mi cabeza se rindió. Empecé a llorar como un niño pequeño cuando le quitan un caramelo. El dolor de pies, el hambre, el frío, y el hecho de que me sentía sola, me derrumbó. Mire hacia delante y no los veía, “Mierda ¿Dónde están estos?” pensé, y empecé a llamarlos. Me quedé allí quieta. Nadie contestaba. “No me jodas…” La rabia, la impotencia, el miedo a la soledad, todo eso se amontonaba en mi cabeza. Me sentía débil, llevaba mucho camino sin hablar, sin hacer broma y me sentía abandonada en mi sufrimiento. Mi mente me estaba jugando una mala pasada e intentaba hundirme, ahora lo sé. Después de unos minutos, debí de reaccionar, volví a moverme y lentamente seguí subiendo por la cuesta.

Al cabo de poco empecé a ver el final de la subida y allí estaban los dos Papantas esperándome y me preguntaron que había estado haciendo. ¡¿Que qué estaba haciendo!? “Muriendome ahí abajo yo sola” pensé, pero no lo dije. Jamás puede uno quedarse atrás en silencio, ¡¡hay que gritar a tope!! dijeron. “La madre que os parió, que felices soys” pensé.

No hubo momento más feliz en el viaje que cuando llegamos a un camino y, para mi sorpresa, lo podíamos seguir. Entraba en la ruta. ¡Y encima era todo bajada! “Por fin algún tipo de recompensa” pensé, “en un abrir y cerrar de ojos me planto en casa”.

Qué bonito es soñar. Sí… era un camino. Sí… era bajada. Pero era jodidamente interminable… Volvió a suceder lo mismo, mis pies estaban muertos y mis compañeros iban todo el rato por delante de mí. En ocasiones me armaba de valor y corría hasta atraparlos, pero siempre me iba quedando atrás y… se estaba haciendo de noche. Cuando se alejaban de mí casi ni les veía y eso, para ser franca, me asustaba un poco. Me sentía como en un sueño, cuando intentas correr pero tu cuerpo pesa como si estuviese muerto. Que rabia y envidia me daban. Ellos iban andando tan tranquilos, incluso riendo, y yo allí detrás, amargada, decaída y dolorida hasta la medula.

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El resto del viaje os lo podéis imaginar. Para mi sorpresa, terminamos llegando a casa sanos y salvos. Bueno, mis pies no tanto.

Al día siguiente, con la mente tranquila y el cuerpo hecho trizas, me di cuenta de la importancia de la actitud. Los papanatas expertos hicieron gala de tener una actitud de hierro. Por mucho dolor, incomodidad, o pensamiento negativo que el cerebro crease, lo contrarrestaban con sus bromas y ganas de seguir investigando y poniendo a prueba su cuerpo. Sin embargo, para mí, la aventura, se había convertido en un sufrimiento.

Así pues, ese día, comprendí la filosofía papanatas. Llegar a esos niveles de sufrimiento e incluso estupidez, es una cuestión de entrenamiento mental y positividad.

Quizás penséis, que aprendí la lección y no me mezclé más con estos engendros mentales. Nada más lejos de la realidad. El año que viene realizaré una pequeña aventura que recorre un tercio del planeta. Si quieres descubrirla, haz clic aquí.

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