Infinita Estepa

Nos despertamos con un buen sabor de boca, oíamos la brisa acariciar el toldo de la tienda. El viento seguía allí. Almorzamos tranquilamente sabiendo que cuanto subiéramos al asfalto el viento nos empujaría hacia nuestro destino.

Las llanuras llegaban hasta donde alcanzaba la vista, el viento nos empujaba hacia delante y un fantástico sol nos acompañaba. Toda la mañana estuvimos circulando en estas fantásticas condiciones.img_2494

Hicimos mas de 2oo kilómetros hasta el medio día, momento en el que aprovechamos para detenernos en una de las paradas de autobús de hormigón, para comer algo y cambiarnos los pantalones ya que por mucho sol que hubiera el ambiente era frío.

Mientras nos cambiábamos los pantalones y picábamos algo de comer un camionero que había tenido la misma idea, nos invito a la cabina de su camión. Calefacción, un te caliente para cada uno, y unas empanadillas gigantes con carne, estuvimos disfrutando de su hospitalidad y compañía más de media hora, ademas el hombre con gran habilidad nos marco los trozos donde el asfalto estaba dañado.

Aquello fue una parada en boxes de lujo, subimos a la moto con las energías cargadas y un gran momento en nuestra memoria, Nos despedimos de aquel camionero con la misma ilusión que el nos había invitado a su camión.

Las rectas infinitas siguieron, y el viento no se canso de ayudarnos, a  nuestra derecha la via del tren recorría paralela a nosotros y en una de las paradas para regar las plantas de la estepa fuimos a curiosear como era una vía infinita.

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Volvimos a parar para descansar un rato, siempre buscando la cobertura de las paradas de hormigón que nos cortaban el aire. Allí una familia al vernos se acerco a hablar con nosotros y a preguntar por nuestro viaje, diez minutos después se estaban haciendo fotos con nosotros y regalándonos una pegatina de la bandera de su país.

Aquí congelamos el momento!img_7991img_8006

Por si fuera poca la hospitalidad antes de montar la tienda encontramos 3 hombres que nos regalaron dos embutidos típicos de allí un mono de peluche una madera trabajada. Intercambiamos un montón de sonrisas y abrazos con aquellos hombres que les hacia tanta gracia que viniéramos des de Barcelona con la pequeña Frankenstein.

Aquella noche la pasamos literalmente dentro de la cuneta de la carretera ya que era el sito mas llano que encontramos por la zona, pero con la gran sensación de que el mundo esta lleno de buenas personas.

 

 

 

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