¿Nos dispararan en Rusia?

Durante la noche nuestras tiendas tuvieron que protegernos de la lluvia tonta que no dejo de caer.
Afortunadamente por la mañana descubrimos un cielo descubierto y un gran sol dispuesto a secar todos nuestros trastos.
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Almorzamos 4 uvas mientras mirábamos el mapa para intentar hacernos un idea de donde podíamos llegar ese día, con las carreteras buenas que habíamos encontrado y el fantástico día que teníamos por delante quizás podíamos hacer alrededor de 400 kilometros.

Apretamos fuerte las correas de la mochila para poder salir de aquel campo k finito sin perder nada y entramos en la carretera.
No pasaron ni 20 minutos que solo encontrábamos columnas militares de vehículos y controles cada 2 kilometros o menos. La verdad es que para nosotros aquello era algo exagerado.
Como buenos papanatas que somos hicimos lo que nadie cabria esperar, nos relajamos y empezamos a saludar algunas de aquellas caras serias, pensamos que detrás de cada uniforme hay una persona con un pequeño niño dentro.
Aquello fue sorprendente e interesante a la vez, empezaron a brotar sonrisas y gestos de aprobación con la cabeza, incluso algún conductor de tanqueta quito las manos de los controles del vehículo para sacarla fuera del pequeño agujero y regalarnos un gran y enérgico adiós.
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Seguimos circulando por las carreteras durante toda mañana y poco a poco la cantidad de militares iba descendiendo. Progresivamente el paisaje iva cambiando a algo parecido a una estepa con llanuras infinitas solo cortadas por la carretera y algunas líneas eléctricas.
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Paramos a repostar en una gasolinera para la mañana siguiente tener los tanques llenos. Allí al lado de los surtidores conocimos a 3 rusos que nos preguntaron por nuestro viaje. Mientras descansábamos conversando con ellos y intercambiando fotos nos invitaron a un fantástico y reconfortante helado, normalmente relacionamos Rusia con el frío, pero estábamos cerca del mar Caspio a la zona mas Sur de Rusia y allí de frío en las fechas en que estábamos no había nada.

Hicimos los últimos kilometros mirando a nuestro alrededor buscando un buen sito para acampar. Encontramos un puentecito de madera que nos ayudaba a cruzar a una fantástica estepa de matorrales altos donde había unas clapas de hierbajos donde montamos nuestro campamento Papanatas.

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