Un día agridulce

El sol y el frío nos despertó por la mañana, picamos algo de comer y preparamos el material.

Hoy íbamos a hacer la mochilas de forma diferente, Camarada Papanatas marchaba rumbo a España. Nadie de los tres tenia ganas de que este día llegara pero por desgracia nuestro compañero Alvaro debía volver.

Le dimos las chaquetas que nos habían traído hasta allí para conservarlas de recuerdo. Nosotros íbamos a continuar con las nuevas mucho más calientes. Preparamos la cámara para hacernos una foto de despedida para recordar este momento agridulce. Mientras la cámara disparaba fotos automáticamente Camarada Papanatas dijo: – Vamos a hacer una foto solemne, el momento lo requiere!

Como si de un entierro se tratara los tres aguantamos la risa para conmemorar la despedida con una instantánea solemne.img_2423

Recogimos el resto de material, tensamos y engrasamos las cadenas por ultima vez juntos. Después de un fuerte abrazo deseandonos toda la suerte del mundo para llegar todos a nuestros destinos arrancamos los motores. Poco a poco la moto de Alvaro fue haciéndose pequeña hasta llegar a un terraplén donde despidiéndose con un energético adiós, desapareció tras la tierra.

Con un viento en aumento y un cielo despejado nos subimos a nuestra moto para dirigirnos dirección Astana la Capital de Kazakhstan.

En medio de la estepa aquel viento se había convertido en algo digno de una regata. Sentíamos como toda aquella energía impactaba en nuestra gran mochila y nos empujaba hacia delante.

Aquello no era ninguna broma, el asfalto estaba en buen estado y las infinitas rectas en las estepa estaban alineadas con la dirección del viento. Nuestra moto estaba volando literalmente íbamos 20km/h más rápidos de lo normal y el motor podía ir más alto de vueltas!

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El viento no dejo de soplar durante toda la tarde y conseguimos hacer mas de 300 kilómetros.

Cuando el sol empezó a bajar salimos de la carretera para montar de nuevo nuestra tienda, para la mañana siguiente volver a volar por las rectas de Kazakhstan!

 

Un comentario en “Un día agridulce

  • Totes les despedides son doloroses sobretot quan han vingut acompanyades de jornades intenses de companyerisma. Però son aquestes amistats les que mai s’obliden per molt temps que passi.

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