Una despedida de altura

Es el dia de ponernos en marcha después de 14 días en Georgia, si todo va según lo planeado hoy mismo podemos alcanzar la frontera con Rusia.
Apretamos bien la correas de la mochila y nos subimos a las motos dirección norte, allí entre las montañas deberíamos encontrar la aduana.
Volvemos a recorrer los mismos sitios que pasamos para llegar al parque natural, pero esta vez no nos desviamos hacia las montañas, si no que continuamos por la carretera principal.
Poco a poco vamos descubriendo que vamos a hacer algún puerto de montaña para cruzar a Rusia.
La moto sin parase jamas nos va subiendo lentamente por la carretera, ocasión que no desaprovechamos para contemplar los bonitos paisajes con los que se despide Georgia.
Señorita Papanatas no duda en inmortalizar el momento desde el asiento trasero.
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Después de una subida de más de una hora, ahora tocaba hundirnos en un largo valle donde al final de este encontraríamos la aduana.
La bajada fue divertida a la vez que rápida, en poco tiempo teníamos grandes montañas rodeándonos. Al pie de estas montañas antes de que todo el valle se estrechara solo dejando lugar al río que lo transcurría y a la carretera que nos llevaría a Rusia, encontramos un bullicioso pueblecito de excursionistas y alpinistas.
Imaginamos que gran parte de la vida del pueblo estaba dedicada a este turismo tan concreto.
Había un montón de furgonetas 4×4 equipadas para acercar a los montañeros a sus rutas de ascenso con todo su material. Hostales y hoteles repartidos por todo aquel pequeño pueblo y un va y ven constante de gente con mochilas y maletas.
En medio de todo este movimiento estábamos nosotros buscando un pequeño sitio donde comer algo para seguir más adelante. Nuestra estrategia era acampar cerca de la frontera para la siguiente mañana poderla pasar temprano para seguir el viaje dentro de Rusia.
Saliendo de comer nos dimos cuenta que el cielo se había cubierto absolutamente y de forma bastante amenazadora.image
Nos apresuramos a subir a la motos, estábamos dispuestos a mojarnos por tal de poder estar cerca de la frontera.
Empezamos a bajar mientras los rayos caían, la luz empezaba a faltar y la carretera bajaba enclotada entre dos paredes gigantes de piedra. Al final teníamos una sorpresa, un puente cortado por la Policia. Fuimos a preguntar al coche patrulla que pasaba y si era posible continuar. No sabían ingles, como los otros 4 coches que también estaban allí parados pero el, NO fue claro y los demás coches también empezaban a dar la vuelta. Ante una posible caída del cielo a nuestras cabezas y la clara falta de luz natural, tocamos retirada. No faltaban ganas de ir a una de las muchas pensiones que habían en aquel pueblo, pero en algún sitio de aquel pueblo tenia que haber algún bosque que nos protegiera de forma gratuita.

Después de circular por varias pistas de los alrededores del pueblo al final encontramos un bosque donde alguien más había tenido la misma idea.

Mientras buscábamos un sitio plano donde montar nuestra casa, encontramos un pobre erizo que intentaba escapar de la luz de la moto. Señorita y Camarada Papanatas no dudaron en capturarlo para hacerse una foto de lo más puntiaguda.image

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